Historia Medieval
En los textos históricos, la primera mención al poblado aparece el 1 de julio del año 952 de la era cristiana. Año en el que Diego Beilaz, un milite con jurisdicción sobre personas y haciendas, elige sepultura en el monasterio de San Millán de la Cogolla[1], entregando sus bienes y hombres en diversos lugares de Álava. (1 de julio de 952. Cartulario de San Millán (38), n.º 64, págs. 75-76).
El texto, traducido del latín, dice así:
"En el nombre de Cristo redentor nuestro. Yo, Diego Beilaz... entrego y confirmo por mi alma y para remisión de mis pecados, la parte que entre mis hermanos me corresponde, al atrio de San Millán, que está en el monasterio en Berceo, donde prometo sepultar mi cuerpo, y a esa santa regla en comunidad; esta parte es: en rio de Francos, la porción que mi padre Beila Alvarez me corresponde en sernas, en tierras, en viñas, en iglesias, en manzanares, en huertos, en prados, en montes y fuentes(...)En Álava, mis hombres íntegramente. En San Vicente, las casas con tierras y prados, montes y fuentes. En Angelu, tres casatos: Sancho, Tello, Beila. Osango con casas, iglesias y con su heredad. En Urbina, Nuño Gómez, Muño Jiménez, Nuño Muñoz y el casar de Belasco. En Cogahan (Goiain ?) Tello y Yáñez. En Loriga, Tellulónez, Cristóbal y casar de Muño Belaster y casar de Nuño Ralistar y casar de Gendulli. En Beguhera, Ulaquide Núñez y Muño Núñez. En Erentana (Erretana ?) Beila y otro Beila Vitaco, Ulaquide con sus casas. En Urna, Musca Télluz. En Lekere, Belastar, Tello, Aprez Lequentize, Tello Vinquentize, Osaco, Beila Laquentize, Laquindini Vectre, Beila Muñoz, Ionti Semproni. En Ullibarri, Beila y otro Beila, Tello Sangone, Urrana, Muño Belastar, Apre Sancho, Sarrazini y otro Sarrazini. En Nazere, Maure Sangone con sus casas, Muño Yánez con sus casas. En Salinas, mi cuarta parte con divisa en montes y prados, en fuentes, entrada y salida.
Confirmo todas estas cosas mencionadas en su integridad, libres e ingenuas por los siglos de los siglos, al atrio de San Millán (...) Hecha la entrega y confirmación en las calendas de julio, era DCCCª LX (L), reinando el rey Ordoño en León y el conde Fernando en Castilla.
El constante aumento de población conocido en los siglos XIII y XIV llevó pareja una auténtica fiebre urbanizadora a la que Legutiano llegó ya tarde. Las principales villas vascas habían recibido sus Cartas Puebla mucho tiempo antes cuando eran los propios monarcas los que incentivaban su creación para mantener a los campesinos fijados a la tierra. Las nuevas tierras disponibles tras las sucesivas victorias en el frente musulmán hacían que los campesinos se sintieran atraídos por las nuevas posibilidades que se les ofrecían en los territorios de frontera. Ante ello, los reyes navarros y castellanos según las épocas de dominio, ofrecieron privilegios a quienes se instalasen en las villas de nueva creación.
Pero como decimos, a Legutiano la Carta Puebla le llegó tarde. Tarde y en una coyuntura totalmente distinta, en una situación en la que la monarquía perdía apoyos entre sus leales servidores. Así, y con ánimo de arrebatar poder a los feudales alaveses, "tuvo en consideración" la carta enviada por los habitantes de Urbina, Elosu, Urrunaga y Nafarrate en la que le pedían que "los defendiera" de los abusos cometidos por los parientes mayores.
El aumento demográfico experimentado en el siglo XV, sobre todo a partir de los años centrales, vino seguido de una reconstrucción del agrosistema existente antes de la crisis en Araba, y de una reorganización del mismo en la zona holohúmeda, que posibilitarían el abastecimiento de la población.
En una coyuntura de dificultades económicas, de estancamiento de la Reconquista, de cambios en las estructuras agrarias, etc. los grupos dominantes intentan paliar el descenso de sus rentas mediante el aumento de la presión sobre los campesinos y las villas. Paralelamente, los propios señores (oñacinos - gamboínos) terminaron enfrentándose entre sí p0or la "competencia" en sus intentos de acrecentar sus ingresos.
Ante el descenso de las rentas provocado por la crisis la clase señorial logra obtener una serie de beneficios por parte de la monarquía castellana. Y lo logran consiguiendo el reconocimiento como exentos, fijando a los campesinos a la tierra (para impedir la huida o emigración que haría descender sus rentas) y obteniendo derechos sobre terrenos comunales (montes y bosques). Para defender la integridad de sus patrimonios también consiguen el derecho a la transmisión íntegra del patrimonio familiar: el Mayorazgo.
Las mercedes enriqueñas les concedían derechos jurisdiccionales: montes, bosques, vasallos, impuestos reales, portazgos, alcábalas...
En las villas, cuando la nobleza comienza a instalarse en ellas (hacia la primera mitad del siglo XIV) se inicia una lucha por el poder en el seno de éstas. Los nobles buscaban nuevas rentas en el incipiente comercio mediante el aumento en la cuantía de los censos en dinero y en especie, prestaciones de trabajo..., la fiscalidad municipal y los oficios concejiles. Para ello se mezclan con los burgueses dando origen a nuevos grupos oligárquicos que se perpetúan en el poder municipal.
La violencia acompañaba a estas imposiciones. Se establecían monopolios sobre molinos, se obligaba a tomar en renta las heredades de los señores, se robaba ganado, diezmos y primicias... Ésta violencia afectó a toda la sociedad. La nobleza la utilizará contra las villas, la iglesia e incluso los propios Parientes Mayores.
En Araba, donde los Pariente Mayores tenían mayor diversificación en sus rentas, los enfrentamientos no fueron tan importantes como en Bizkaia o Gipuzkoa.
LA REACCION ANTISEÑORIAL.
Frente a esa ofensiva señorial las respuestas de los campesinos surgieron de inmediato. No aceptaban las mercedes enriqueñas y demandaban la abolición de las rentas exigidas violentamente. AL tiempo, exigen la devolución de las tierras comunales, los derechos sobre montes y bosques y protestan contra los concejos de las villas por los impuestos que les hacen pagar.
Los habitantes de las villas también rechazan al señor al que son donadas en intentan librarse de las imposiciones: peajes, aumento o creación de nuevas, rentas...
Fruto de la unidad de acción entre campesinos, habitantes de las villas y parte de la pequeña nobleza surgen las Hermandades para defenderse de la presión señorial. Tuvieron el apoyo de la corona castellana quien, de esta manera, saldría favorecida por el debilitamiento nobiliar. Las Hermandades acabaron derrotando a los Parientes Mayores, sobre todo en Bizkaia y Gipuzkoa y limitaron su poder aunque conservando status especial (diezmos y alcaldías).
La ofensiva contra los señores se produce en la segunda mitad del XV y termina con las principales casas fuertes de los banderizos. Los Pariente mayores eran desplazados del poder político, pero no del económico.
[1] Actualmente enclavada en la provincia de La Rioja, en La Rioja Alta y en el valle del Cárdenas. En la ladera de una montaña cercana a la villa se alza el monasterio de Suso (o de San Millán de Suso), fundado por san Millán en el siglo VI y que en sus orígenes fue un conjunto de cuevas naturales. Posteriormente, en el año 931, se fundó en el mismo lugar un
monasterio benedictino, del que se conserva la iglesia mozárabe, reconstruida a partir de 1030. La iglesia actual presenta planta de dos naves paralelas, separadas por arcos de herradura y terminadas en dos capillas cubiertas con bóvedas nervadas. En una de las capillas se halla el sepulcro románico de san Millán (siglo XII), con la estatua yacente del santo. El monasterio fue declarado Patrimonio de la humanidad en 1997.
San Millán de Suso. Monasterio ubicado en San Millán de la Cogolla (La Rioja) , fundado por san Millán en el siglo VI y que en sus orígenes fue un conjunto de cuevas naturales. Posteriormente, en el año 931, se fundó en el mismo lugar un monasterio benedictino, del que se conserva la iglesia mozárabe, reconstruida a partir de 1030. La iglesia actual presenta planta de dos naves paralelas, separadas por arcos de herradura y terminadas en dos capillas cubiertas con bóvedas nervadas. En una de las capillas se halla el sepulcro románico de san Millán (siglo XII), con la estatua yacente del santo.
San Millán de Yuso
Junto a la villa de San Millán de la Cogolla se encuentra el monasterio de San Millán de Yuso. Comprende un gran conjunto arquitectónico del siglo XVI: iglesia de estilo renacentista (obra de T. Rodi, J. Pérez Solarte y J. Pérez Orieta, 1504-1540), con portadas neoclásicas: conserva en su interior un retablo con pinturas del siglo XV, los marfiles de los relicarios de san Millán (1067-1070) y de san Félix (c. 1090), un trascoro barroco (1765-1769) y pinturas de J. Ricci.

